El proceso de la desaparición de un compañero animal no es un proceso de duelo.
No saber dónde se encuentran, ni si están vivos o han fallecido.
Si hay sospecha de que han fallecido, preguntarse una y otra vez si han sufrido o no.
Mantener la esperanza de que algún día pueda regresar.

La lista de preguntas y pensamientos sin respuesta que taladran el pensamiento de las personas que han perdido un compañero animal es infinita. Y el proceso emocional es muy distinto que si desde un primer momento sabemos que el animal ha fallecido.

Las personas que se encuentran ante la situación de un animal desaparecido no saben qué hacer y esto genera un estado de angustia, desconcierto, ansiedad y estrés.  Además este estado puede llegar a cronificarse si la situación no se resuelve.

La racionalidad nos dice que no sabemos dónde está nuestro animal desaparecido pero nuestra emoción nos hace sentir constantemente la necesidad de pensar en él, haciendo que su presencia en la mente sea constante. Esto hace que sólo podamos pensar, hablar y hacer acciones encaminadas a su encuentro.

El no saber ciertamente ni tener constancia de su fallecimiento impide el avance emocional que sucede en un proceso de duelo, donde vas pasando por fases emocionales: shock, negación, tristeza, ira, integración…

El sentimiento de si están solos, si están sufriendo, si han fallecido y su cuerpo yace abandonado, etc., hace de este un proceso muy doloroso e inimaginable para las personas que no lo viven.

No hay ninguna técnica o herramienta que pueda resolver el dolor ya que ese se iría o minimizaría encontrando a nuestro animal o sabiendo qué ha pasado, aunque sea un final triste.

Por ello, rodearnos de personas que nos entiendan; grupos de terapia con personas que están pasando lo mismo, profesionales de la psicología especializados/as en el acompañamiento de procesos de desaparición y una red que sostenga y acompañe en el proceso que se vive ante la desaparición de un animal es fundamental.

Artículo escrito por Sandra Sánchez Muñoz, de Mr. Hueso, en octubre de 2018
Psicóloga Habilitada Sanitaria nº de colegiada A-1951
Experta en Intervenciones Asistidas con Animales
Especialista en Procesos de Duelo
Miembro número A333 de la PDTE (Pet Dog Trainers of Europe)
Docente en la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de Teruel en el Máster Universitario en Psicología General Sanitaria y en el Graduado en Psicología. Asignaturas de Neuropsicología, Neuropsicología Clínica, Neuropsicología del envejecimiento y Psicofarmacología.
Gerente de Espacio Ítaca, Centro Sanitario de Psicología en Zaragoza