CAPITULO 1.

Fui comprada por unas personas cuando era bebé, en la selva del Perú.  Al principio me querían, me daban comida y mi agua.  Era super juguetona y seguro eso les gustaba, pero con el pasar de los meses fui creciendo y rompiendo cosas.

Un día por traviesa quise jugar con unos pavitos pequeños, pero los termine aplastando.  Realmente esa no era mi intensión.  Se molestaron demasiado conmigo que prefirieron sacarme de sus vidas.  Me llevaron alzada y  yo pensaba que iríamos a un día de campo.  Cuando me bajaron empecé a oler todo lo que había, era una conjunto de aromas raros, pero comencé a escuchar la moto sonar y ellos se iban alejando.

Traté de seguirlos, corrí y corrí y por más que me esforcé mis patas eran cortas, no pude alcanzarlos.   Pensé que ellos regresarían.  Entonces me quedé donde me habían dejado.  Los días pasaban ,pero ellos no volvían, comencé a comer esa basura porque me daba mucha hambre.

Pasaron las semanas y seguía esperándolos en ese lugar, alerta a que vuelva a pasar la moto.  Días después pasaron mientras dormía.  Eran ellos, eran sus voces las que escuchaba.  Entonces corrí y comencé a ladrar.

Ellos voltearon y me vieron.  Fueron unos segundos de felicidad, pues me habían visto, pero regresaron su mirada a la pista y pusieron acelerador.   Ahí comprendí que no se habían olvidado de mi, sino que me habían abandonado.

Yo realmente quería regresar a mi hogar así que seguí caminando hasta encontrar los aromas de mi casa y así fue. Ellos salieron y me vieron enojados, no entendía porque, así que me quede en la puerta y ahí apareció el hombre que me sacaría de esa lugar.  El ya sabia todo lo que había pasado, me agarro mis orejas y dijo: “Conocerás a mi hija y ella te amará orejona, vámonos.

La verdad no sabia a que se refería, pero hace semanas no recibía cariño y me agrado mucho que me sobara la cabeza y las orejas.

CAPITULO 2.

El me rescató y me sacó de ese lugar, minutos después me alzó y me baño, tenía semanas de no estar limpia.  Cuando me lavaba mis orejitas, tenia muchísimo cuidado de que no me entre agua, me calmaba hablándome.  Al día siguiente, nos fuimos a un terminal donde había mucho ruido y humo, todos eran personas, yo era la única perrita.

Mi protector me subió a un bus donde las sillas parecían camas, había poco aire, pero sabia que estaba segura con él, a los segundos arrancó el bus y el me dijo:  “Nos vamos a Lima, orejona”.   Así fue como volteé y vi como dejaba Bagua ( Selva ).

Muchas horas después llegamos a una tierra calurosa (Chiclayo).  Bajé muy rápido por que tenia que ir al baño, entonces lo jalé y casi se cae.  Él me tenía mucha paciencia.  Después regresamos al bus a seguir durmiendo.  Suspiraba de aburrimiento y él me sobaba mi cabecita para dormirme   (felizmente tenía mi propio asiento porque él es muy gordito).   Un par de horas después llegamos a Trujillo, ahí él fue quien bajo corriendo, porque tenia que ir al baño.

Horas después llegamos a Huarmey donde compartimos menú y vimos unos patos caminando por el restaurante.  Regresamos al bus y volvimos a tomar una siesta.   Horas más tarde, me toco la cabecita y me dijo:  “Llegamos a Lima orejona, despierta”.   Cuando bajé me dio mucho miedo, mi ciudad era menos ruidosa y el cielo celeste, pero estaba con alguien que me quería y me daba buena comida y eso me reconfortaba.   Nos subimos a un carro chiquito y fuimos al distrito de Surquillo.

Cuando mi protector, me dijo:  “¿Estas lista para conocer a tu futura mama?”, mientras subía las escaleras, rogaba que ella no me abandone como mi primera familia.

Capitulo 3.  Valora cada comienzo.

Mientras subía las gradas, rogaba que ella no me abandone como mi primera familia.  La pasé muy mal sobreviviendo de desperdicios, todo el cuerpo me picaba, imaginaba los aromas distintos que había dejado atrás.  Cuando mi protector me dijo: “Mia, sube, no te quedes”, se abrió una puerta de madera y olía a perros como yo, pero estos eran machitos (olía fuerte).   Vi caras distintas, pero no sentía apego por ni una, me fui corriendo a un rincón donde encontré una cama azul muy cómoda.

No hacia ruido, ni ladraba,  quería portarme bien en mi primer día con otra familia, pasaron las horas y escuché que subía una muchacha hablando, tenía voz fina, pero cálida.  Cuando abrió la puerta me dijo:  “Oh! Pequeña”.  Se acercó a mi, estiró su mano y me empezó a acariciar, era la primera vez que la veía y pensé.  ¿Ella es mi futura mamá?  Moví la colita de felicidad.  Ella me veía sonriendo como si fuera un tesoro y no un estorbo.  Recién me conocía y yo la empezaba a querer.  Tenía una energía tan trasparente, a los segundos se acercó a mi oreja y dijo:  “Soy Maribel y no te haré daño, confía en mi”.  Ese día le entregué mi corazón.

MIA, mamá nunca dejara de buscarte.