Mi Coyotito

Me costó cuatro años el poder hablar de mi Coyotito sin que las lágrimas asomaran, sin sentir ese nudo en la garganta y, aún ahora, mientras escribo mis ojos hacen agua y bostezo para que mi esposo, que está a mi lado absorto leyendo noticias en su celular, no me pregunte si estoy bien. Mi…